5/27/2010

¿El concepto de masculinidad está en decadencia?



¿El concepto de masculinidad está en decadencia?
Pues yo creo que sí, y más en concreto la galantería masculina.
Sobre todo, en lo que se refiere a la cortesía. Ejemplos: dejar tu asiento a una mujer, dejarla pasar por una puerta antes que tú...
poner el abrigo, estar pendientes de su copa y servir más agua, vino,... No hay nada más masculino que la galantería bien comprendida.



Reconozco que es raro ver a hombres actuar así hoy. Es lo que tiene esta evolución y vorágine hacia lo absurdo, y lo impuesto.
Todos tenemos nuestro puesto. El comportamiento de las personas
viene marcado por su felicidad. La galantería es una actitud unida a la felicidad y nunca al interés.
Está muy bien que hombres y mujeres ganen igual, en puestos similares ¡faltaría más! Bien, también desechar los tópicos machistas y sexista, que son para fusilar y no confesar. Repartir tareas… etcétera. Creo y supongo que todo eso está superado, yo lo doy por superado, mi gente sí.

En alguna ocasión, cuando en conversación te muestras galante, me han comentado y espetado ¡que cínico eres!. Y siempre me quedo sorprendido e intento responder que no. No suelo mentir (en ocasiones exagero) lo que hago, es que digo lo bueno y omito lo malo. Destaco las virtudes, los defectos nos los conocemos todos. No es peloteo, ni falsedad, es lo que a mi me gustaría que me hicieran.
Lo malo ¿para qué? ya hay demasiada gente que se encarga de decirte sus verdades, creo, que sin pensar en el mal que hacen. Por eso, es mejor ver el lado positivo. Alaba lo bueno y guárdate lo malo. De hecho es una actitud que deberíamos practicar más todos.

Recuerdo de pequeño, cuando mi padre era galante en sus actos, (siempre lo era, su afán por agradar a los demás formaba parte de su
personalidad) yo me moría de la vergüenza. Pensaba que esas actitudes eran obsoletas y que yo jamás lo haría. Hoy me doy cuenta de lo equivocado y confundido que estaba. No cuesta nada intentar pensar en el prójimo.

Tengo una máxima en mi vida: “Lo que no te gusta que te hagan, no lo hagas”. Qué agradable y saludable es encontrarte con alguien a quien dices ¡Buenos días! y te contesta. Por el contrario, nos ponemos furiosos cuando saludas con un buen día y el vecino no te contesta. Rápidamente lo adornamos de adjetivos e incluso te acuerdas de su madre.



La galantería no está pasada de moda. Lo que pasa es que los círculos se acortan y los modales y comportamientos se democratizan por la línea más baja.

Si eres galante tendrás algo ganado, tu posicionamiento y tu
tranquilidad. Los actos de galantería deben ser discretos y suaves,
y como digo siempre naturales. Aquí yo no puedo meterme mucho soy un poco agresivo en mis movimientos, mi tono de voz, mi torpeza... pero lo intento y pongo toda la intención.

Da gusto cuando saludas a una mujer con besamanos y la mujer sabe contestar. Cuando un invitado (ya hablaremos del invitado, siempre lo hacemos del anfitrión, aquí hay mucho que hablar) sabe comportarse y responder al anfitrión. Cuando un amigo es amigo y no un conocido, todo esto son los pilares de una buenísima sintonía y amistad, de un igual a igual. Da lo mismo que pasen dos, tres meses, años la evolución para los dos es y será igual. Las ramas son del mismo árbol


Inténtalo, es mucho mejor ser mejor, sé galante.

5/06/2010

Dejadme soñar con las estrellas...


Siempre imagino, que es mío, que lo puedo administrar, controlar, y despachar como si en casa estuviera.
Admito y reconozco que paso el dedo por los cuadros, tapetes, cómodas y todo aquello que parece inaccesible como un gobernante, por si tiene polvo. Miro arriba y abajo a derecha e izquierda, observo ventajas, posibles mejoras y cómo distribuiría yo esto, o aquello.
No dejo nada al azar, mantas, sábanas, cubiertos, cartapacio, jabón, sábanas de baño, sistema de televisan… todo y luego valoro y punto.
Rápidamente ya estoy asignando las categorías, quitando y poniendo estrellas. Además incluso investigo cómo han podido llegar:
partners, compras de cuadro a través de subastas, stock de fábrica.

Para mí, el punto clave para asignar las estrellas es el olor de la
recepción, y cómo está compuesto el bufé. Hay recepciones de lo más vulgar por los olores y por la poca cordialidad, afabilidad y naturalidad de los que la atienden.
Odio las relaciones frías, distantes, también las de cordialidad sobreimpuesta, aunque casi las prefieres. Las recepciones son tan importantes o más que las habitaciones. Un buen trato suple muelle, goteo de cisterna… tomen nota los directores.

Nada más levantarme, lo primero, dar gracias a Dios y el bufé desayuno, como en casa. Café con leche y la tostada, dos de sacarina…. Se ha dado el caso de bajar en alguna ocasión en pijama y bata al comedor, ante el asombro de los huéspedes, aseado, pulcro... y reconozco que un poco provocador.


Nada más entrar:- ¿Qué habitación? Joder, que no puedo ni hablar.
Déjeme primero una taza y luego hablamos. Rápidamente le dices que la 234 y el camarero-guardián sale disparado, hasta que oye otra voz – ruido– y aparece como si estuviera reponiendo y sacando más revueltos… De nuevo se abalanza con su frase: «¿Qué habitación?». Y de nuevo para la cocina. Supongo que a fumar un pitillo. Entre entrada y entrada suelen dar una pequeña vuelta, disimulando su verdadera misión: agente secreto. Saca su libretita de comandas y apunta. Hasta que dan las 10,30 que cierra, no aparece jamás. Ni por ningún otro sitio. He pensado que este tipo hace la noche en recepción. Y terminada la inspección del desayuno punto y final a una gran noche... en la que seguro que hubo de todo ¡Qué no sabrán!

Me encanta desayunar. Tengo todo el día por delante. Pero algunos
hoteles de cuatro estrellas son el timo con esos bufés con
sucedáneo de jamón de York, fiambres, y sus derivados, y más si están todos secos, parecen de colegio pero de los 70, es repugnante. Los chorizos de Revilla para desayunar (para merendar fantástico) como que no. El queso. La bollería con bolsa, los zumos en tetrabrik llenos de azúcar y colorante, los malos cafés. Lo mejor, un buen café, bollería del día y poco más, antes que todo ese despliegue de productos B que se multiplican en la mesa.

Cuando comienza la gente con esa timidez: una loncha, otra, un poquito, otra vuelta... y esos ojos saltones pensando todo lo que
queda, y que quedar bien es el objetivo, como si comer fuera de
mala educación. Ignorancia. La falta de naturalidad de la gente que se acerca al bufé, es revelador. Lo primero, es ser educados y después la naturalidad es nuestra mejor cualidad.
Los bufés deben ser variados y abundantes, pero sobretodo de calidad. Es preferible poco, pero de calidad. Productos A sobre B.
Siempre nos quedará el buen sabor para todo el día.